miércoles, 15 de julio de 2009

Mûmm - Capítulo 1-1: Ciencia – 2978-2986

Como dije, publicaré los capítulos por partes ya que a veces son muy largos. Por tanto, a nivel de archivo, si algún capítulo está cortado, cada partición estará definida en el título (así este post es la primera mitad del primer capítulo y así sucesivamente).

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[…] Así que, como ocurre con los cuadros, las vidrieras o los reflejos en el agua, todo cambia según el ángulo con que se mire. La misma situación, ya sea desde una posición u otra puede significar cosas completamente diferentes. El porqué en unos lugares, costumbres ancestrales se consideran crímenes inhumanos en otros, es tan arbitrario y verdadero como el hecho irrefutable de que la realidad es tal y como la queremos ver.

'Lejos de entrar en un debate existencialista, lanzaremos la hipótesis. ¿Y si…? ¡Qué prometedor, señoras y señores! A partir de esas dos palabras se pueden construir tantas ideas, tantos sueños, tantas… posibilidades. Porque todo, al fin y al cabo, es pura posibilidad hasta que se hace realidad. Aunque quizá, como en este caso, sólo haga falta ver las cosas desde el ángulo correcto para que todas esas posibilidades e hipótesis sean, en realidad, verdades fundamentales desde el principio de los tiempos.

Así que abramos los ojos, giremos un poco la cabeza y observemos.”

El becario resopló incrédulo por lo que acababa de leer y desvió su mirada de la pantalla hacia el autor de aquellas palabras, un hombre de mediana edad, complexión robusta y pelo cano que le daba la espalda y dejaba que el sol del atardecer recortara su figura tras la ventana.

-Dr. Thanen, esto es... ¡maravilloso!

-Gerhard opina que es demasiado filosófico para una ponencia de física.

-Gerhard no tiene ni idea de lo que habla.- declaró con firmeza el becario.- A él sólo le interesa el rédito político y económico que pueda sacar de esto. Pero Doctor, los que conocemos su trabajo y todo lo que se está logrando con el turdón, sabemos que lo que usted ha escrito es verdad. ¡Abre un mundo entero de ideas nuevas! No sólo en energía, sino también en transportes, industria... ¡Cambiará el mundo!

-Por eso Gerhard y su Secretaría de Ciencia y Tecnología nos está pagando el sueldo, Byrnen.- Thanen suspiró y miró a su ayudante con gesto preocupado.- Imprime dos copias y envíale una al Director. Tengo que marcharme.

Byrnen agravó el gesto.

-¿Va a ir al hospital?

-Sí.

-¿Cómo se encuentra el Doctor Hitzen?

Thanen meneó la cabeza como toda respuesta, cogió el abrigo y se marchó.

El caso de Hitzen había sido trágico. Trágico y extraño. Thanen sabía tanto como la policía, pero aun así no podía encontrarle ningún sentido. La mayoría de la gente había aceptado las conclusiones de la investigación como verdaderas y no le habían dado más vueltas, pero cualquiera que conociera a Hitzen lo suficiente se daría cuenta de que las cosas no estaban tan claras. Era una pena que tan poca gente le conociera de verdad. Hitzen, un brillante matemático con una capacidad casi nula de socialización, vivía en un pisito diminuto en el centro de Kajlum, capital de Jathan, rodeado de ordenadores y pizarras ante las que se pasaba días enteros enfrascado en sus estudios. Una capa de polvo de tiza cubría toda la vivienda y buena parte del propio Hitzen. Había quien le tenía por un poco loco. Quizá lo estuviera. Thanen era de la opinión de que uno no podía ser un matemático tan brillante sin estar un poco ido. Pero aun a pesar de su carácter huraño y peculiar, Hitzen siempre había sido un hombre prudente, apacible. Por eso no le cuadraba la explicación forense del estado de su amigo.

Hitzen había aparecido en harapos y medio inconsciente en las escaleras de la Universidad después de una semana desaparecido. Parecía sano y entero a pesar de la borrachera impresionante que llevaba, pero el aturdimiento que le invadió no se le fue cuando los vapores del alcohol se disiparon. Siguió aturdido, murmurando para sí, haciendo cuentas sencillas en un papel o en la pared o en el suelo como un autómata de 4º de primaria. Había sido ingresado en un hospital psiquiátrico. Al parecer su pequeña locura se había desatado y le había destruido para siempre. Thanen aceptó la explicación, pero nunca se la creyó de verdad e iba dos o tres veces por semana a visitarlo a aquella institución blanca, silenciosa y con olor a amoniaco.

Le encontró sentado en un banco frente a la fuente del jardín con una libreta y murmurando números mientras miraba a la nada. El lápiz se le había caído y Thanen se lo devolvió mientras se sentaba a su lado.

-Hola, Deran.

Hitzen giró la cabeza lentamente como si hubiera oído un grito en la lejanía y no supiera muy bien la dirección de su origen. Cuando logró enfocar sus velados ojos en el físico sonrió orgulloso.

-Teo... -dijo el matemático con vehemencia.- Tengo que enseñarte algo.

Pasó unas cuantas hojas de su libreta y Thanen vio que estaba completamente en blanco. "Oh, Deran, ¿qué te ha pasado?", pensó el hombre angustiado. Al final Hitzen llegó a una página en especial y levantó la libreta para entregársela a Thanen.

-¡Es posible, amigo!- exclamó el hombre.- ¡Es posible! Con este algoritmo se puede modificar la base del sistema de navegación para que mantenga una órbita geoestacionaria. ¿Te das cuenta, Teo? ¡Se podría quedar ahí arriba para siempre!

Thanen asintió para darle la razón. Hitzen pensaba que seguía en su proyecto del ejército sobre aviones que pudieran atravesar la atmósfera y llegar al espacio para cubrir distancias mayores en menos tiempo. Varias empresas aeronáuticas le habían financiado los estudios y habían dado avances de gigante en los últimos años. Ahora parecía que su cerebro se había fundido. Pero, "una órbita geoestacionaria es absurda. ¿Para qué se querría tener un avión ahí arriba y que no se moviera?", pensaba.

-Deran, ¿recuerdas algo de lo que ocurrió esa semana de vacaciones?

Los médicos habían conseguido evitar sus ataques de ansiedad cuando se mencionaba aquellos 7 días de desaparición llamándolos "sus vacaciones". Algo había ocurrido que le había traumatizado profundamente y Thanen estaba seguro de que su estado no era la degeneración natural de una enfermedad mental. Había sido demasiado raro, demasiado brusco, demasiado...

-Resolví el algoritmo.- respondió Hitzen un poco tenso.

-¿Y ya está?

Hitzen empezó a respirar profunda y rápidamente.

-Deran, tranquilo, no hace falta que me contestes.

Pero Hitzen le miraba anhelante, como si le implorara que le sacara esas palabras de dentro

-Teo... el algoritmo... el...

Apártese, por favor!- una enfermera le alejó de un Hitzen que gemía, respiraba cada vez más trabajosamente y le miraba como si con sus ojos le hubiera echado un lazo invisible.

La enfermera le calmó con un parche de medicina que se absorbió enseguida y el matemático volvió a su rutina aturdida, murmurando números y, de cuando en cuando, el nombre del físico que le observaba con profunda tristeza y alarma.

Su sospecha no podía estar equivocada. Algo le había pasado a Hitzen en esa semana. Se dio cuenta de que aún tenía la libreta en la mano y de que aunque no había tinta, sí había escritura. Pidió un lápiz a otro enfermo que pintaba en una mesa cercana y descubrió con asombro los números nítidos y ordenados de aquel Deran Hitzen enfermo y debilitado por los calmantes. La enfermera le miró:

-Creo que el Doctor Hitzen necesita descansar.

-Sólo será un minuto.

-Un minuto.

Thanen se sentó junto a su amigo.

-¿Puedo llevarme el algoritmo, Deran? Testearé tu hallazgo. ¿Te parece?

Hitzen sólo pudo asentir con un lento parpadeo.

Thanen se marchó con la punzante sensación de que algo había atrapado a Hitzen y le había sorbido sus conocimientos como si fuera un zumo. ¿Por qué? ¿Quién querría hacer algo así? Sólo tendrían que acceder a los archivos de la Secretaría de Ciencia y Tecnología para conseguir los datos y la información del estudio. ¿Por qué alguien querría hacerle eso a un hombre tan apacible, tranquilo y absolutamente inofensivo?

Completó el trabajo de Hitzen en secreto y descubrió que el algoritmo de su amigo funcionaba. Efectivamente conseguía modificar el sistema de navegación de manera correcta y según los cálculos proporcionaba una órbita estable y segura. Aquello era un gran descubrimiento, pero completamente inútil. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Quién? En adelante se dedicó a investigar el entorno de Hitzen, sus estudios, sus intereses, rebuscó en sus archivos, sus ordenadores, preguntó a su equipo y a los mismos dioses…

No obtuvo respuesta, pero sí más preguntas y la absoluta convicción de que algo acechaba cuando otro científico relacionado con el turdón desapareció y a los 3 días le hallaron muerto en su casa electrocutado en la bañera. Poco después retiraron los fondos de la investigación con base en Vospda, la mayor mina de turdón del país y un centro industrial importantísimo. Empezó a sentirse perseguido. Primero fueron las pegas administrativas para recibir los fondos mensuales. Después la retirada de personal y más tarde el traslado definitivo a la base científico-militar de la sureña Nerhu, donde más parecía un prisionero que un científico.

Todo terminó una noche de primavera. De madrugada hubo un ataque de las fuerzas del enemigo eterno, del vecino insoportable, del meridional país de Tonkul y todas sus dudas y sus sospechas se vieron por fin respondidas. Esa noche fue la primera de muchas en las que deseó no encontrarse dentro de aquel grupo de científicos que, señalados a dedo, habían sido seleccionados para completar una tarea en la que nunca quisieron participar.

2 comentarios:

BarbyMalibu dijo...

ME ENCANTA!!
Quiero más!. Cuándo? Vengaaaaa...


Bárbara

Bea dijo...

^_^ Hola Bárbara!! Jeje, gracias por el entusiasmo :D. Publicaré todos los días (excepto aquellos en los que no esté físicamente con mi ordenador), así que no te preocupes ni un poquito. Un besazo, guapa!